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Un
personaje - Fuente
: Colaborador: Gustavo Moin residente en Paris - de Paris
a Bs As -
Febrero 2004
De los muchos personajes que tiene el Barrio, quisiera poner
de relieve a uno, que está estrechamente vinculado a
lo que podríamos llamar su hábitat,
el Tío Fritz.
Hay
un i-lustre (la parte de lustre va por la gomina que usaba)
mozo de entre todos ellos, uno que servicial acudia a nuestra
mesa por las noches. Uno que siempre confundia los pedidos,
o bien los olvidaba. Si, estoy hablando de Correa.
Ir
a Tío Fritz y no ser atendido por Correa era solo la
mitad de la experiencia. De pasar algo así, le quedaba
a uno esa sensación parecida a cuando una mañana
al despertar solo recordamos el sueño parcialmente, olvidando
partes que suponemos esenciales. Irse sin la atención
de Correa era algo parecido: una vana frustración
Alguna
vez el mismo Correa nos contó que era mendocino y que
trabajó en la vendimia. O sea, toda una vida dedicada
a la vid, desde su lugar de origen, y sus trabajos.Llegaba al
barrio en el 133, sin pagar boleto, ya que los colectiveros
lo conocían y le daban pase libre.
Cuando
uno llegaba a Tío Fritz, podían pasar unos diez,
quince, veinte minutos, quien sabe! , hasta que Correa se acercaba
a la mesa. Pero eso no importaba, dentro del Tío el tiempo
es relativo, transcurre de otra forma.
Una
vez Correa junto a la mesa, estaba el momento de hacer los pedidos.
Nada de comandas, el pedido se hacia oral y de memoria,
digamos.
Por
lo general, de una hamburguesa, una Pepsi y una tres cuartos,
llegaba, por ejemplo, dos medialunas. A la media hora uno le
preguntaba Correa!, ¿y la pepsi y el paty?.
Y como siempre Correa respondía Ya esta marchando,
ya esta marchando.
Hubo
veces que maliciosamente lo pusimos a prueba y le preguntábamos
Correa! , y el resto del pedido?. Y Correa respondía
Ya está marchando, ya está marchando...
luego de un rato se acercaba a la mesa y preguntaba "uds
habían pedido una tres cuartos con manises, pesi y un
té con limón? No Correa, dos balones,
una hamburguesa y dos cafés con leches, y el Musgo
agregaba, cuando Correa se iba, y una Monchanchu! .
Porque Correa no tenia una memoria de superdotado tampoco, para
que negarlo!. Dos cafés vaya y pase. Ahora, gaseosas,
granadina, cerveza, picada ingredientes... es medio como mucho,
no?. Incluso hubo veces que llegó una hora después
de que le habíamos hecho el pedido para preguntar (previa
advertencia que estaba marchando) que habíamos pedido.
A
los pedidos Correa los traducía a viva voz mientras caminaba
desde la mesa del pedido a la barra. Si uno pedía una
coca, era una psiiii! o en el mejor de los casos
una pesiiiii! (había una particularidad en
esa i lobuna, Correa la hacia como si sacara la
mandíbula hacia afuera, en un tono grave, de barítono),
agregando un número como por ejemplo para la cuatro.
El balón era baluuuuuu ! y esa uuu
que sonaba tan lobuna. Por supuesto allí estaban las
fritas y los patiiiiis. La picada era ingredientes,
y uno contaba que estuvieran la cantidad de platitos exacta.
Muchas veces venían repetidos, o sea que podían
ser 22 platitos, pero con una variedad de 8 cosas distintas
solamente. Ojo!, ninguna queja. Pero la comida de Tío
Fritz es todo un asunto.
Evidentemente,
Correa deformaba las palabras en cuanto a su sonoridad, pero
era tal vez porque anárquicamente defendía nuestro
idioma. O mas bien atacaba a las palabras anglosajonas. Bueno!,
las anglosajonas, las galas, las germánicas y las hispanas
también (que si decimos nuestras, en fin!, las palabras
hispanas son herencia de la colonia, pero para Correa tal vez
decir nuestra era algo mas indiano). En realidad Correa debería
defender alguna lengua nativa, atacando a todas las otras lenguas.
Debe ser por eso que jamás pudo decir un nombre raro
y allí estaba en el aire del salón viajando de
la mesa a la barra como una flecha certera el grito de pesiiiii...
Y la vedette de todas, la gaseosa que solo pedíamos,
no para tomar sino para oírlo a Correa : la MONCHANCHú.
Hubo
una época en la que había salido una gaseosa lima-limón,
cuyo nombre siempre fué impronunciable para Correa. Oficialmente
siempre pedíamos una cada vez que haciamos un pedido,
y Correa fruncía el seño y gritaba una monchanchú
para la 5, o bien, un Monchus para la 3, o
alguna onomatopeya de una lata cayendo por las escaleras.
Cuando
salió la gaseosa sabíamos que no iba a durar mucho
en el mercado. ¿Como podría?, jamás! si
Correa la detestaba.
Del
grupo hubo quien sostuvo que se la retiro de la venta justamente
por eso.
Es
cierto que Correa fue siempre súper respetado, y esto
de pedir la monchancú eran solo una pequeña bromita.
Una vez algún irrespetuoso a las 5 o 6 de la mañana
(en estado de hebriedad, seguro) se atrevió a gritar
en voz muy alta Leguizamo no murió! en reiteradas
ocasiones, durante horas. Y esto en clara alusión al
asombroso parecido físico entre Correa y Leguizamo. Y
lo hizo cada vez que Correa pasaba al lado de su mesa : Leguizamo
no murió !
¿
La edad de Correa ?, no sé. Posiblemente nació
el siglo pasado, pero no el próximo pasado, sino el otro,
cuando Flores era habitado por bañados al sur, y seguramente
trabajo antes que llegara Juan Diego Flores a comprar su chacra
por la zona.
Correa
debe haber conocido la Artigas de madera, que me cuentan que
era de madera antes que la pavimenten. Creo que incluso se puede
espiar algo de eso en algunos huecos cerca de la Plaza Flores
(bueno!, Plaza Pueyrredon ).
¿Cuantos
años tenia Correa?, 68, 76, 84... ni idea. Es como definir
la edad de Moe (de los Tres Chiflados)
Sin
problemas puedo imaginar a Correa un poco mas joven descendiendo
de la carreta 133 (sin pagar los patacones correspondientes)
y ver atento uno de los fusilamientos que se hicieron en la
plaza, antes que fuera la Plaza Pueyrredon. Alguna vez alguien
me dijo que también se hicieron corridas de Toros, pero
para historia habría que preguntarle justamente a Correa,
que la vivió, mientras caminaba hacia su trabajo en la
pulperia.
Lo
difícil de definir su edad, radicaba (entre otras cosas)
en su frondosa cabellera color negro azabache y su casco-gomina,
en su parsimonioso hablar, y en un no cuestionamiento de la
cosa.
Tal
vez, como Merlin, Correa vivía contando los años
para atrás, y ello explica algunas sutilesas. Por ejemplo
que cuando le pedíamos que nos saque una foto y le dábamos
una cámara Correa la sugetaba con las dos manos y con
los brazos estirados y sacaba una foto aproximadamente a la
zona. Como se hace ahora con las digitales, pero Correa años
adelantado!.
En
una época en la que queríamos hacer una FM barrial,
Herni sostenía que se debería llamar FM
Correa, ya que Correa definía muchas cosas, entre
otras toda una cultura barrial : la de la cerveza en Tío
Fritz.
Aunque
debo decir que la fama de Correa era internacional,
ya que alguna vez charlando con el cabezón (el hermano
del rengo Otero), en Prix Damie, luego de un recital del
hermano. Me contó de como le gustaba ir al Tío
por el tema de Correa pese a que él vivía en Mataderos.
Y la fama de Correa llegaba mas allá aún, y hasta
cruzaba la Gral Paz, y era bien conocido en la Loma, en Ramos,
en fin, en el Oeste.
Cuando
ocupabamos una mesa por horas, muchas veces pasaba alguien por
la esquina y paraba 5 minutos (5 minutos en Tio son unos 45
afuera) y se tomaba algo, dejaba el dinero de lo que consumió
y se iba. Cada tanto Correa cobraba sumando los tickets que
había sobre la mesa. O bien cuando se hacia el cambio
de turno a la mañana (para cerrar la caja).
Una vez fuí a comer con unos amigos de San Isidro y me
asombró la idea de dividir lo que consumiamos por la
cantidad que eramos en la mesa. En Flores no pasa así,
uno paga lo que consumió. Es mas justo y permite a quien
tiene poco regular sus economías y evita los abusos.
Cada cual paga lo que consumió. Y eso daba mas exactitud
a las cuentas, si cada uno sabía lo que había
consumido y pagaba; todos los números deberían
coincidir. Pero no era así. La extraña matemática
de las neuro nas de Correa operaba con una especie de redondeo
ascendente. Nunca le pifió para abajo. Pero hay que decir
en su defensa que siempre fueron centavos. Como eran centavos
también lo que demoraba una hora en traer como vuelto.
O esas últimas moneditas de vuelto que no atinaba a encontrar
en ningun bolsillo. Sabiendo esto, uno pagaba una hora antes
de irse y seguro que antes de que uno se vaya aparecía
el vuelto.
Me
acuerdo los apoyavasos redondos y de cartón, los ceniceros
triangulares de chapa que decían Cinzano (me pregunto
si no había algo de mensaje subliminal en eso de que
fumar es inzano, o sinzano). Me acuerdo
de diferentes matices de conversaciones. De gritos pasionales
de opiniones, de susurros, de risas estruendosas. Me acuerdo
del pingüino embalsamado que esta en la pared detrás
de la barra, pero no recuerdo cuando fue la última vez
que me atendió Correa. Aunque si recuerdo una tarde-noche
de octubre. Moría el día, casi llovía,
casi era de noche, y estaba con el Gordo Guerra desde hacia
unas horas, charlando. Paso mi viejo por la vereda y entró.
Se pidió una cerveza y nos quedamos charlando buenamente
los tres, terminando el día, y las cervezas.
El
gusto de esas cervezas, tomadas en Tío Fritz, compartidas
con gente querida tienen un sabor en el recuerdo que es difícil
de describir. Cuantas cervezas compartidas, cuantas noches de
risas y debates...
Mientras,
sin que lo percibamos, del otro lado de las puertas de vidrio,
un auto mira hacia adentro para ver si hay algún conocido
Un
saxo, en Flores - Fuente : Colaborador: Gustavo Moin
residente en Paris - de Paris a Bs As - Marzo 2004
Porque
yo escuche a Giusepe es que puedo decir que es el mejor saxofonista.
Porque yo estuve presente y oí lo que puede hacer Giusepe
es que puedo afirmarlo categóricamente. Es, un privilegio
que me otorgo el Barrio.
Giusepe
vive por Caracas, cerca de donde vive Ciro (otro músico
del barrio), es mas, a una cuadra. Pero entre ellos hay mas
diferencia musical que esos cien metros. Como también
el reconocimiento de la fama es distinto.
Sonriente,
prolijo, y plagado de anécdotas del under
nacional, Giusepe siempre esta presto a hablar amistosamente.
Bajo, algo despeinado y con una pronunciada renquera, siempre
tenía una broma o chiste que hacía mas amena la
conversación con él. Justamente de la renquera
se burlaba y una vez me dijo que no siguió tocando en
Memphis porque dos rengos en el mismo escenario era demasiado.
Si,
porque Giusepe fue el primer saxofonista de Memphis, La
Blusera. Incluso cuando Emilio Villanueva estuvo garabateando
para hacer un nuevo grupo lo llamó para formar parte
a Giusepe.
Claro,
por aquellas épocas Memphis era lo que podríamos
denominar un grupo de barrio, pero que sonaba muy
muy bien. Un grupo de fieles no teníamos duda que el
éxito iba a llegar.
Pero
Giusepe se abrió, tal vez para experimentar con su saxo.
Tal vez para no entrar al show busines y seguir haciendo música,
para él, y para unos pocos.
Recuerdo
algún recital en un zucho de al lado de un telo que se
llamaba Tu y Yo (bueno, al lado de un hotel alojamiento,
en Flores no es raro, no?). Esa fue una noche especialmente
iluminada para Giusepe. Recuerdo distintos solos que sonaron
a hazaña, con su grupo de aquel momento La del
Mono (vaya nombre para tocar al lado de un telo !).
Claro,
ir a un recital de Giusepe era distinto a ir a uno de la Blusera,
uno no ponía en riesgo el físico y hasta se podía
escuchar mas a los músicos que al público coreando
canciones. De esta forma, uno aprecia sutilezas, y guiños
de la música.
Una
vez, para las fiestas le dije que se venga a tomar algo al Tio
Fritz después de las doce y me dijo que no, que la iba
a pasar con su saxo, que tenia una tradición de todos
los años nuevos, comenzaba a tocar en la
cocina de su depto, salía al pasillo, y se quedaba tocando
en la esquina; y que quebrar tradiciones era de mala suerte.
Porque
parece que los artistas son muy supersticiosos. Tal vez por
eso siempre mantuvo la cábala de la modestia, o tal vez
por superstición también eludió ciertos
compromisos...
Allí
están, sus anécdotas, como la vez que el saxo
le salvo la vida en un recital, cuando un botellazo le pegó
al instrumento, o cuando tocó con este o con aquel. Para
mi, y hasta la imposible posibilidad que Giusepe saque un disco,
me quedan esas anécdotas musicalizadas con el mejor de
los saxofonistas. Con un Giusepe que hace música y que
al hacerla les dice a los demás saxofonistas que sean
modestos, porque hay alguien que es mejor que ellos y vive discretamente
en Flores.
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