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Fuente: www.contracultural.com.ar
CÓMO SE CONSTRUYÓ LA IDENTIDAD NACIONAL
¿De dónde venimos los argentinos?A partir de las ideas de progreso y modernidad que fueron diseminadas por la generación del 37' en todo el Río de la Plata, fue imponiéndose una concepción de identidad nacional que reproducía culturas de origen europeo excluyendo a las propias.
Por Marcelo J. Levy
¿Somos europeos? ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten!
¿Somos indígenas? Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la última respuesta.
¿Mixtos? Nadie quiere serlo, y hay millares que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados.
¿Somos nación? ¿Nación sin amalgama de materiales acumulados, sin ajuste ni cimiento?.
¿Argentinos? Hasta donde y desde cuando, bueno es darse cuenta de ello.
Domingo F. Sarmiento
La identidad nacional (si osadamente puede referirse a ésta en Argentina), fue construida por la adoración y obsecuencia a un sector de la población y la paralela negación y aniquilación de otro. Este último lo representa la población indígena y negra que apólogos de la inmigración y cultura europea se encargaron de liquidar.
Ahora bien; ¿cómo estaba conformado el imaginario social de la primera mitad del siglo XIX? Quiero tomar como estandartes a dos representantes de la generación del '37 como Sarmiento y Alberdi.
Domingo F. Sarmiento desarrolla una idea de cómo debería constituirse la Argentina en varios aspectos. Por ejemplo, plantea nivelarse con las otras razas europeas corrigiendo la sangre indígena con las ideas modernas, acabando con la edad media. Además explica que en nuestro ser como nación están mezcladas razas indígenas, primitivas, históricas, no civilizadas y sólo la escuela podrá educarlos con los principios propios de la raza blanca.
El pensamiento de Sarmiento podría resumirse en el último párrafo de las conclusiones de Conflictos y armonías de las razas en América donde reza: la América del Sur se queda atrás y perderá su misión providencial de sucursal de la civilización moderna. No detengamos a los Estados Unidos en su marcha; es lo que en definitiva proponen algunos. Alcancemos a los Estados Unidos. Seamos la América, como el mar es al océano. Seamos Estados Unidos.
Continuando con esta línea de pensamiento, Juan B. Alberdi fomenta el ideal de la civilización moderna europea. En este sentido toma como ejemplo a Inglaterra y a Estados Unidos en el camino del bienestar, la riqueza, el orden y la libertad gracias a la industrialización. Incluso, llega a decir que éste es el gran medio de moralización y religiosidad. En su carácter práctico adopta la religión como base de la sociedad.
El indígena no figura ni compone mundo en la sociedad política y civil. Cráneo, sangre, color, todo es de afuera sentencia Alberdi. Al mismo tiempo define no solo al idioma, a la ciencia y la religión americana como europea sino también a las leyes patrias (ve a las ideas de la revolución de Mayo como una faz de la Revolución Francesa).
"La patria no es el suelo. Solo tenemos patria desde 1810. Ésta representa la libertad, el orden, la riqueza y la civilización. Todo esto nos lo ha traído Europa; incluso la población que traerá sus hábitos de órdenes, disciplinas e industrias. Al lado de un industrial europeo se formará un industrial americano" dice. Alberdi aboga por poblar América atrayendo inmigración Europea y no por la reproducción autóctona. Asimismo, promueve la firma de tratados extranjeros, garantes de los derechos de propiedad, de seguridad, de adquisición y de tránsito. También se creía en la necesidad de implementar un plan para la inmigración espontánea.
Esta era la verdadera inmigración y debía ser fomentada por el gobierno. Era también fundamental la tolerancia religiosa para que no opere como barrera a la inmigración.
Por otro lado, deja en claro, de manera particular, la posición frente a lo que considera como nosotros y los otros. Alberdi, en Bases, declara que en América todo lo que no es europeo es bárbaro. Que existe una sola división posible: el indígena (salvaje) y el europeo, es decir nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Jesucristo y no en Pillán (dios de los indígenas). El indígena hace justicia cuando nos llama españoles. Nosotros, europeos de raza y civilización, somos los dueños de América.
En fin, tanto en Sarmiento como en Alberdi existe un fuerte deseo de abandonar la propia identidad en la voluntad de ser como el otro. Se puede apreciar que aparece arraigada fuertemente la categoría de autoodio estableciéndose una relación mimética, una devoción de copiar y aplicar modelos hechos en Europa y Estados Unidos sin preocuparse por si se pueden adaptar a nuestras necesidades. Sarmiento y Alberdi abogaban por la modernización de nuestras tierras trayendo industrias, civilización, maestros y significados ajenos a nuestra historia.
Nosotros, los pueblos bárbaros americanos constituíamos sujetos devaluados e inferiores, mientras que ellos, los otros, los pueblos Europeos civilizados, se constituían como los verdaderos SUJETOS. La identidad nacional fue construida a partir de una paradoja: el otro, generalmente desdeñado, no era el extranjero, sino la subjetividad del nosotros. Así, el sujeto real no estaba conformado por el nosotros sino por el otro en su otredad. Y como era mejor, debía ser imitado. Por esto, el extranjero no solo se instauró en estas tierras (como tanto deseaban Alberdi y Sarmiento) sino que incluso hasta construyó una subjetividad.
En los escritos de Sarmiento y Alberdi, se encuentra de manera periódica la referencia al desierto que era utilizado de manera metafórica equiparando el espacio vacío con el tiempo del atraso. Esta desolación territorial representaría a América como en estado puro, rural, primitivo y salvaje, irracional, bárbaro. Por su parte, Europa representa la razón, la civilización, el orden, las ciencias y las artes, en fin, el progreso. América es entonces, un lugar signado por la precariedad y aún no es un espacio de ciudadanos sino de hombres bestiales. Lo único que nos quedaba por hacer era ver nuestro futuro que se reflejaba desde Europa.
Lo que llama poderosamente la atención es que en este incesante proceso de construcción de la Nación se quiera olvidar metódicamente nuestra historia, nuestros orígenes, nuestros grupos étnicos, nuestros verdaderos elementos para comenzar a pensar la identidad nacional.
No se puede sostener la idea de que es posible empezar de cero, ser el inicio de la historia. Sin embargo sí es posible, quebrar la idea de construcción nacional desde el desarrollo especular del otro, la Europa civilizada. Comencemos a construir la identidad nacional desde el nosotros real, desde nuestra subjetividad. Sólo así podremos, mediante el análisis de la relación nosotros - otros, romper con la estructura histórica de dominación.
Es interesante como Eric Hobsbawm analiza al concepto de Nación. La entiende como una categoría política. La etnicidad, la lengua, la cultura no eran propias o esenciales de la Nación; lo que la caracterizaba era que representaba el interés general frente al particular, El bien común frente al privilegio... La existencia del Estado - Nación implicaba no sólo la delimitación de un territorio definido sino también la multiplicidad de otros estados naciones conformados de manera semejante.
En síntesis, el principal problema aparece cuando estas ideas no sólo destruyeron las verdaderas raíces nacionales, sino que inspiraron e influyeron de manera decisiva tanto a la creación como a las reformas de la Carta Magna.
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