Que se apague el rock and roll de Callejeros!
- Bs As, 22 de Septiembre de 2006 - Fuente: Mario Casalongue, de la
redacción de Agencia NOVA
Y
la banda siguió tocando...
194.
Fue exactamente el número de almas que se marcharon en la tragedia
de República Cromañon, un 30 de diciembre de 2.004. Desde
ese día, la banda Callejeros cargó con la pesada mochila
de haber sido uno de los presuntos responsables del incendio en el boliche
de Once.
A partir de esa fecha, el largo peregrinar de los padres de los chicos
muertos se transformó en vigilia, en desesperación, en
clamor, en lucha, para que el inescrupuloso empresario Chabán
vaya preso, y para que se apague el rock and roll de Callejeros.
Que los responsables de la muerte de los pibes vayan presos, pero que
también metan en cana a la mayoría de los empresarios
del país que evaden impuestos, que tienen gente en negro laburando
y no se hacen cargo cuando se les muere un trabajador.
Que paguen sus culpas los Macri, los Patti, los Rico, los Neustadt,
los civiles que participaron del Proceso de Desorganización Nacional,
que encima se atreven a minimizar la cantidad de desaparecidos durante
la última dictadura, como si todo se circunscribiera una simple
ecuación matemática.
Que vayan derecho al calabozo todos los que entregaron al país.
Militares, radicales, menemistas, ex menemistas, menemistas arrepentidos
y filomenemistas. Y que devuelvan todo lo que se afanaron, o por lo
menos lo que no alcanzaron a gastar.
Que pongan a la sombra a los que se aprovechan de un pueblo ignorante,
y lo arrean como ganado con el choripán y la coca en cada elección,
o los que venden falopa, o los que distribuyen pornografía por
los kioscos y los medios de comunicación a toda hora, en una
sobreexposicion de putas, culos, tetas y nada de vergüenza. Y después
se horrorizan cuando un nene de siete años viola a su compañerito
en el baño de la escuela.
Que se apague la música callejera. Que las radios no difundan
más sus temas. Pero que se acabe también la falta de respeto
de los que te echan el humo en la cara sin importarles si te envenenan
no, de los que tiran sus mugres en la calle, de los que cruzan en rojo,
de los que se cagan en todo y en todos.
Que Chabán y Callejeros vayan en cana de por vida, pero que se
terminen en este país la hipocresía y el doble discurso,
y los argentinos vagos que quieren un puestito en el Estado para tomar
café y hablar por teléfono porque claro, el pico y la
pala te dejan ampollas en las manos...
Si no, que el más duro rock and roll urbano de melodías
de barrio se vuelva a escuchar cada vez con más fuerza, y que
Chabán vuelva a caminar por las calles de Buenos Aires, eso sí,
con un chaleco de fuerza. Y que la muerte deje de perseguirnos todo
el tiempo, que bastante tenemos ya con los recaudadores de impuestos.