Etnias
- La comunidad coreana en el barrio de Flores - Bs As, 19 de Mayo de
2005 - Fuente: www.barriodeflores.com.ar
El barrio
coreano aparece como un hecho en el contexto actual de la Ciudad Buenos Aires.
La comunidad coreana se asentó en primer lugar en barrio de Flores
Sur , comprendidas entre Avenida del Trabajo, Carabobo, Avenidas Castañares
y La Plata: la zona de nuestra ciudad que, desde hace algunos años,
se ha dado en llamar barrio coreano, Koreatown (o Coreatown), Little Korea
o Pequeña Corea. Hemos observado, registrado el área y entrevistado
a algunos de sus habitantes.
Además de los coreanos, también los argentinos y los bolivianos
aparecen como las otras dos presencias claves de este mundo. Coreanos, argentinos
y bolivianos son las categorías sociales para definir a este sector.
Allí por Castañares, por Carabobo es donde está el grueso
de los coreanos, el corazón de Koreatown" dice una argentina
entrevistada. En este sentido existe un señalamiento de rasgos que
-ya con significado auto o heteroidentitario- visibilizan la coreanidad.
Lo mismo
sucede con los bolivianos (en este contexto, una suerte de genérico
por inmigrante de países vecinos -boliviano, peruano, paraguayo- e
inclusive inmigrante interno, especialmente jujeño).
Así, los bolivianos quedan excluidos como habitantes del barrio: su
presencia en el barrio coreano responde principalmente a motivos de trabajo,
de tránsito o escolaridad, pero su lugar de residencia es la "villa
21" o "villa Bonorino", el "barrio Illia" y el "barrio
Rivadavia" - éste último, lindante con el barrio coreano,
aparece en otras versiones como "villa Barrio Rivadavia" (Todo
es Historia, ene.1991:38).
Estos
"barrios" son presentados como zonas habitadas por ex-villeros
o zonas en vías de "villerización" . Los mismos habitantes
de esta zona de "puro boliviano" intercambian los términos
"villa" y "barrio". En un intento de definición
pedido por nosotros, una entrevistada boliviana distingue al "barrio"
como la parte más cercana al barrio coreano mientras que "la
villa es más adentro". Y en una presentación inversa a
la que hacen argentinos y coreanos, habla de la "villa" como en
vías de "barrialización": "Villa y barrio son
la misma cosa. La villa se va a convertir en barrio porque son lo mismo".
La Avenida Castañares divide en dos el paisaje. Por un lado esta tranquila
y pequeña réplica de Seúl. Del otro la gigantesca villa
Barrio Rivadavia" (Todo es Historia, ene.1991:38). Un segundo elemento
de separación es el largo paredón que bordea al Rivadavia.

De
explotadores y esclavos: talleres, fábricas y negocios.
Si el Rivadavia recibe un tratamiento diferencial y queda relegado al límite
del barrio coreano no es principalmente porque albergue bolivianos sino porque
bolivianos equivale, en este caso, a "pobres" o "villeros".
La presencia misma de los bolivianos en el barrio coreano queda reducida
fundamentalmente a lugares de trabajo. Los dependientes bolivianos son comunes
en los negocios de indumentaria de coreanos, a tal punto que un vecino argentino
entrevistado comenta: "En fin, emplean a bolivianos y peruanos... los
bolivianos y peruanos se complementan mucho con los coreanos ...tienen rasgos
físicos similares".
Vista desde otro ángulo, la complementariedad de la que habla el vecino
aparece como una escandalosa situación de explotación. Desde
los medios de comunicación se habla de fábricas "truchas"
en Flores. Algunos vecinos argentinos sugieren que las muchas cortinas metálicas
bajas que se observan en el barrio esconden talleres y fábricas de
este tipo, en los cuales trabajan -hora tras hora- no sólo bolivianos
sino familias coreanas enteras.
Fábricas y talleres coreanos se constituyen, entonces, en índices
de una suerte de simbiosis, en lugares clave de interacción asimétrica
entre bolivianos y coreanos. Y aunque coreanos y bolivianos justifiquen de
diversas maneras esta relación, la mirada argentina lee ambos términos
bajo la luz de la ilegalidad. Los coreanos resultan más condenables
porque pecan de "pasarse de listos en un país de vivos"
y de "protagonizar un ascenso social percibido como vertiginoso en un
contexto de creciente pauperización de la clase media" (Bialogorski
y Bargman 1994:12).
En efecto,
los coreanos son los "ricos" del barrio. La riqueza se hace ostensible,
por ejemplo, en la propiedad de autos "buenos" que van cargando
de coreanidad las calles del barrio. Pero es especialmente la propiedad de
casas y, sobre todo, de negocios la que define a los coreanos como "ricos".
Así, los negocios coreanos constituyen también, aunque con
un cariz diferente, la interacción con los argentinos. Es frecuente
ver señoras argentinas vecinas del barrio comprando en las verdulerías
coreanas, donde los bolivianos median la comunicación.
Plasmadas en letreros y carteles, otras estrategias comunicativas dan cuenta
de que los negocios coreanos no están sólo destinados a sus
propios "paisanos". Las inmobiliarias, por ejemplo, si bien llevan
nombres coreanos, exhiben sus fichas de venta y alquiler de propiedades en
castellano. Algunos restaurantes recurren al letrero "comida china"
o al más genérico "comida oriental" para asegurarse
clientela argentina. La acomodación es, sin embargo, mutua: los pocos
negocios argentinos apelan, por su parte, al cartelito en hangul -aunque
éste sea un pequeño y discreto agregado manuscrito- para atraer
clientela coreana.
Las tiendas
se suceden en línea a uno y otro lado del boulevard de Carabobo, en
un crescendo de densidad hacia el cruce con la avenida Castañares.
Esta concentración de negocios coreanos convierte a Carabobo no sólo
en la calle comercial del barrio coreano sino en su recta principal.
Los carteles de estos negocios marcan el espacio legitimando y efectivizando
la presencia coreana en el barrio frente a otras presencias. Grabado en la
memoria de los habitantes del barrio hay un episodio paradigmático
de lucha simbólica por el espacio, que tuvo lugar en el punto de mayor
concentración de negocios coreanos -el centro de Koreatown: Carabobo
y Castañares, justo en el nacimiento de la ex avenida Cobo.

A la
luz de estas palabras, resulta significativo que, en la dinámica del
asentamiento de coreanos, la lucha por el poder en términos de legitimación
de presencia se exprese en esta precisa encrucijada: Carabobo -el eje comercial,
soporte de la "riqueza coreana" y línea de mayor concentración
de marcas de coreanidad- y Castañares -la avenida que separa al "barrio"
de la "villa-barrio", a coreanos y argentinos de bolivianos, pero
que (recordando que "los coreanos salieron del Rivadavia") también
opone presente y pasado. Es éste un punto de pasaje que inaugura el
vector de movilidad social de los coreanos, momento en que su particularidad
-demarcada por la avenida Carabobo- se transfigura en universalidad al instaurarse
como equivalente a la particularidad boliviana -demarcada a partir de la
avenida Castañares. Aquí han fijado su mojón cero -el
cartel de avenida Corea- y todo movimiento, traslado o mudanza que siga,
en dirección norte.
Época de afluencia masiva de inmigrantes del plan de inversión
(desde 1985 hasta nuestros días.)
En esta etapa de florecimiento
comienza una era distinta de la inmigración coreana en Argentina.
El Gobierno argentino puso en práctica la inmigración de inversión.
En el Acta de Procedimientos para el ingreso de inmigrantes coreanos a la
Argentina, que se firmó en abril de 1985, se establecen diversas normas
o criterios que deben cumplimentar el candidato coreano a emigrar:
Todo asentamiento de proyectos inmigratorios se deberá radicar en
cualquier parte del terriotorio nacional, con excepción de la Capital
Federal y el Gran Buenos Aires hasta un radio de cien km. De la misma.
Para ordenar el proceso de gestión, la D.N.M. considera más
apropiado que la exclusividad de esta tarea recaiga en las cinco corporaciones
de inmigración reconocidaas oficialmente por el gobierno coreano y
el argentino.
La D.N.M. dispuso que previo al otorgamiento de las visas, las familias debían
efectuar un depósito bancario por valor de treinta mil dólares
en el banco de la Nación Argentina a nombre de los emigrantes, a plazo
fijo por sesenta días.
Estos nuevos inmigrantes empezaron a arribar a Argentina desde mediados de
1985, y en dos o tres años aumentaron la población existente
de alrededor de ocho mil quinientos habitantes a treinta y seis mil.
Casi todos los nuevos
inmigrantes pasaron por alto una norma de esta nueva modalidad de inmigración:
el que concernía al asentamiento de los inmigrantes que podía
realizarse en cualquier parte del territorio nacional, a excepción
de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires en un radio de cien km. de la
misma. La mayoría de la nueva oleada inmigratoria se quedó
en Capital Federal, más específicamente en las zonas aledañas
al antigua Barrio Rivadavia, Once, Flores y Floresta.

Los coreanos se instalan
en la Av. Avellanada, Aranguren y sus adyacencias. En el centro comercial,
no es la única etnia que explota esta zona, allí conviven con
la colectividad judía e islámica, también dedicada al
comercio.
La venta de propiedades en este sector aumentó increíblemente
en los últimos años.
Cada casa vendida se convierte en varios locales para alquilar, así
esta área de la Ciudad se va convirtiendo de a poco en un mega Centro
Comercial donde miles de personas incluidos vecinos de países limítrofes
transitan a diario para realizar sus compras, en su mayoría dedicados
a la reventa de ropa.
NOTAS
(1)Así lo demuestra esta cita extraída de un artículo
de revista:
"A mediados de la década del 60 llegan a Bs. As. las primeras
familias coreanas, estableciéndose en el bajo Flores. La llegada de
nuevos inmigrantes que buscan su vivienda cerca de la de sus paisanos provoca
la concentración de la colectividad en esta zona . Hoy, este lugar
(comprendido entre avenida del Trabajo, Carabobo, avenida Castañares
y avenida La Plata) ha cambiado su fisonomía." (Todo es Historia,
ene.1991:35)