El agua de San Juan
tiene los días contados
- Bs As, 29 de Septiembre de 2005 - Por Javier Rodríguez Pardo
machsepa21@yahoo.com.ar
El Manifiesto de San Pablo
para el Primer Encuentro Latinoamericano por una Nueva Cultura del Agua
proclama que mil trescientos millones de personas no tienen garantizado
el acceso a agua potable, cada siete segundos muere una persona por
falta de agua y seguimos destruyendo y degradando ríos, lagos
y humedales, a menudo de forma irreversible y fundamenta que la
deforestación masiva, la contaminación sistemática
de las aguas por vertidos industriales, mineros, agrícolas y
urbanos, la desecación de humedales, la expansión del
agronegocio, la navegación comercial a gran escala, el cambio
climático, entre otros, están quebrando la salud de los
ecosistemas acuáticos. Ante esta creciente tragedia ecológica
y social, las instituciones públicas suelen mostrarse impotentes,
cuando no complacientes, bajo la justificación de favorecer el
crecimiento económico. Con reiteración hasta el
hartazgo, exclamamos que las tres cuartas partes de la superficie del
planeta se compone de agua, pero sólo el 3% de ella es agua dulce,
y de esta cantidad sólo podemos acceder al 0,7%, la que está
al alcance del hombre. Los datos son alarmantes y conviene refrescarlos:
La renovación de las aguas se estima en 43.000 km3 anuales, descargada
en los ríos, mientras que el consumo total se estima en 6.000
km3 por año. Pareciera que sobrara el agua pero no es así,
gran parte está contaminada y distribuida de manera desigual:
el 60 % se encuentra en 9 países mientras otros 80 sufren escasez.
Dos mil cuatrocientos millones de personas no tienen acceso a condiciones
de salubridad decentes. O sea, a condiciones sanitarias consideradas
necesarias por la Organización Mundial de la Salud; dos mil doscientos
millones de personas mueren por año, en el mundo, debido a enfermedades
vinculadas con aguas contaminadas. En su mayoría son niños.
Cada siete segundos se pierde una vida humana en el mundo por esa causa.
Las corporaciones agrarias, la producción industrial consumista
y la actividad minera, se reparten el uso del agua dulce del planeta.
Menos del 10% de aquel 0.7% de agua dulce de la que dispondríamos
y a la que tenemos acceso, es para consumo humano. El mundo anuncia
su escasez y los países desarrollados monopolizan su explotación
con un puñado de corporaciones que intentan repartirse el botín,
compitiendo por el futuro control de los acuíferos. Se lanzan
sobre el agua con la misma ferocidad que para el resto de los recursos,
pero en este caso tendrán a la población mundial cautiva,
extorsionada por quienes dominen los grifos y con mayor sometimiento
que en el caso de los combustibles. No obstante, la importancia y valor
metálico que tiene y tendrá el agua, no impide que su
escaso volumen disponible sea precisamente el que utiliza la nueva minería
de manera alarmante, porque gran parte de los minerales que ansía
el mundo del norte y que también presentan escasez, se hallan
diseminados en la Cordillera de los Andes, precordillera y estribaciones.
Allí, en las altas cumbres, paradigma de las nacientes de las
aguas, asiento de los glaciares, cientos de empresas mineras transnacionales
acceden al festín de los recursos no renovables, irrepetibles
-aunque de baja ley- diseminados en enormes extensiones. Cuanta más
baja es la ley del mineral, mayor cantidad de agua se requiere para
lixiviar las rocas, molidas después de derribar cerros y montañas.
Un siglo atrás, Estados Unidos obtenía cobre de 5% de
ley y en la actualidad es inferior al 0,4% de ley. (En todos nuestros
artículos recurrimos a esta relación porque es la mejor
referencia al saqueo que la minería del norte le ofrece a los
pueblos del sur y es, también, la causa y motivo del método
extractivo). Las notas sobre Los Glaciares de Barrick, publicadas anteriormente,
nos ubican ante el daño que ocasionarán las transnacionales
mediante una extracción perversa, a tajo abierto y por lixiviación
de una sopa química que potenciará la contaminación
al liberar los metales encapsulados en los cerros de la cordillera andina.
Daño inmediato y drenajes ácidos a posteriori, contaminación
directa en acuíferos y arroyos, consumo masivo de agua que habrá
de inutilizar, y destrucción de glaciares, suelos y nacientes
del vital elemento, más un cóctel de ácidos por
gestión de los reactivos usados, confirma una realidad indiscutible.
Cifras que no pueden ocultarse y que surgirán del holocausto
hidráulico de un solo caso estudiado: la provincia de San Juan.
El estudio de un caso
La cuenca endorreica más importante
de Argentina, en cuanto a su superficie, es la del río Desaguadero,
que pertenece a la vertiente Atlántica. El intenso aprovechamiento
de sus aguas hace que en la actualidad su caudal superficial se agote
antes de desembocar en el río Salado, tributario del río
Colorado, que es quien entrega en el Atlántico. La introducción
de referencia, le permite al ingeniero en minas, Hugo González,
sostener que esta conexión continúa a través
del subsuelo y que, aunque no se cuente con documentación que
lo avale, sabemos que los ríos San Juan y Jáchal pertenecen
a esta cuenca y toda la provincia de San Juan se concentra en estos
dos colectores, cuyos regímenes se asocian estrechamente con
la disponibilidad hídrica de las precipitaciones líquidas,
sólidas y los glaciares de la alta cordillera. Los proyectos
mineros de Barrick Gold, de Veladero y Pascua Lama, se hallan asentados
sobre las nacientes del río Las Taguas que con ese nombre se
une al río Valle del Cura, luego Blanco, hasta el dique Cuesta
del Viento y a partir de allí nace el río Jáchal,
que se extiende hasta las Ciénagas Verdes. Desaparece
de la superficie y su cauce seco transporta agua en forma esporádica,
integra la subcuenca subterránea del Río Bermejo (Superior
e Inferior) hasta el Desaguadero del Bermejo (barrales o lagunas temporarias)
y pasa a formar parte del río Desaguadero. Así escurre
la vertiente norte. El caudal sur, en cambio, origina el río
San Juan, y en sus nacientes también pretenden explotar dos proyectos
mineros mediante el método a tajo abierto por lixiviación
de compuestos químicos con cianuro y ácido sulfúrico,
como los de Barrick, pero en esta ocasión se trata de Pachón
y El Casposo, los más avanzados en la cordillera, entre otros
casos aún en etapa exploratoria o de factibilidad. La cadena
de arroyos y ríos menores que se verán afectados es de
importancia: los arroyos Pachón, Mondaca y Mondaquita tributan
en el río Santa Cruz y éste en el río de Las Lagunas
para formar el río Blanco, que entrega su caudal al río
Los Patos, afluente del Castaño -precisamente donde se halla
el proyecto minero El Casposo- formando el río San Juan. El río
que lleva el nombre de la provincia concluye en el Desaguadero del Bermejo,
pasando a formar parte del río Desaguadero. He aquí
como confluyen ambos surcos de agua, recuerda nuestro buen amigo,
el ingeniero en minas Hugo González, y vale como introducción
al debate central: dos cuencas cubren la provincia de San Juan, río
Jáchal y río San Juan y, en sus nacientes, en las altas
cumbres de la Cordillera de los Andes, se anuncian emprendimientos de
mega minería metalífera para extraer oro, plata, cobre,
molibdeno y, en menor cantidad, plomo, mercurio, y otros minerales críticos
y estratégicos que las transnacionales de la minería suelen
ocultar sin hacerlos figurar en el motivo de la explotación.
Nos referimos al lado argentino, no olvidemos que los minerales se hallan
en ambos límites y serán capturados mediante un Tratado
de Implementación Conjunta Argentino Chileno, que cede el territorio
en una extensa franja en la cima de los Andes, a las corporaciones del
norte. Chile padece lo mismo, pero con otras cuencas, ríos y
glaciares. La actividad que generarían los dos gigantescos complejos
mineros de San Juan (y de Chile) que hemos nombrado, Pachón-Pelambres
y Veladero-Pascua Lama, nos permite afirmar que el agua de esta provincia
tiene los días contados. Para ello debemos reconocer que Barrick
altera deliberadamente cifras y datos y presenta un informe de impacto
ambiental (IIA) cuestionado por múltiples instituciones intermedias,
de los dos países. Barrick afirma en sus presentaciones de factibilidad
que el principal insumo de sus proyectos Veladero y Pascua-Lama es la
cal y en segundo lugar el cianuro de sodio. Creemos oportuno decir que
estamos siendo ofendidos y estafados, porque el principal insumo de
estos emprendimientos es el agua y el segundo corresponde a la energía.
Pero está visto que al no pagar por ellos, no los tiene en cuenta,
al mismo tiempo que tamaña omisión le permite eludir que
se repare en los consumos del agua y de la energía. Barrick usará
energía en los complejos Veladero y Pascua-Lama (incluido el
proyecto contiguo, Penélope) equivalente a la que produce la
central nuclear de Atucha; más de 300 MW de potencia instalada;
la obtendrá de una línea minera que transportará
la energía en 500 Kv., que paga actualmente el pueblo de San
Juan en sus boletas de luz, y verterá y quemará gasoil
a 0.40 centavos el litro, porque una de las tantas leyes que benefician
a las transnacionales la exime de impuestos a los combustibles. Por
lo visto, para Barrick la energía no es un insumo relevante.
En el IIA apenas dice que la energía
eléctrica será abastecida a través de una línea
de alta tensión, sin mayores alusiones. ¿Y el agua?
Otro caso indignante, las mineras no pagan por ella. Barrick dice que
consumirá en el proyecto total de Veladero, 110 litros de agua
por segundo, cuando la literatura académica advierte que para
semejante proyecto el consumo ronda el metro cúbico, es decir
mil (1.000) litros por segundo. La demanda máxima de agua en
Pascua Lama -dice Barrick- fue estimada en 350 litros por segundo y
será abastecida desde el río Las Taguas, en Argentina,
para uso minero industrial del proyecto, procesamiento del mineral y
en el depósito de colas, además de otros usos menores
(IIA de Knight Piésold Consulting de Pascua Lama, Sección
3.2.8), pero conforme a nuestras observaciones, ratificadas por el Manual
de la Oficina de Minas de Estados Unidos, datos calculados para la magnitud
del complejo que nos ocupa, Pascua Lama utilizará más
de tres metros cúbicos de agua por segundo, es decir tres mil
litros por segundo. Cuando funcionen a pleno los proyectos Veladero,
Pascua Lama y Penélope, la empresa Barrick debería responder
por un consumo de agua superior a los cuatro mil litros por segundo.
Sabemos que cada vivienda del Gran San Juan promedia un consumo de 2,3
metros cúbicos por día, es decir, 2.300 litros por día
(cada habitante del Gran San Juan consume diariamente 0,560 litros).
Una simple comparación nos lleva a estimar que el agua que consume
una familia tipo en un día, Barrick lo gastará en un segundo.
Utilizará el agua que fabrica la cordillera, dejará sin
agua a la provincia de San Juan, contaminará el resto que pueda
escurrir laderas abajo y, además, no pagará lo que consuma
ni la descomunal destrucción de los ecosistemas. En cuanto al
coste del insumo agua, el Manual de la Oficina Minera de Estados Unidos
es concluyente: el costo del agua debe considerarse como mínimo
a razón de 0.10 dólares por metro cúbico
(valor de 1978 que deberá actualizarse); es decir, treinta centavos
de nuestra moneda por cada mil litros de agua. Al cabo de 20 años
Barrick debería abonar más de 746 millones de pesos por
el agua que consumió (para ser justos: $ 746.496.000), pero esto
es tan utópico como impedir las multas al desaprensivo ciudadano
sanjuanino puesto a dilapidar agua fuera del horario permitido, ni qué
hablar de la sanción al agricultor que intente desviar el riego
cuando no le corresponde. Ellos deberán pagar, Barrick no. La
Oficina de Minas del Departamento del Interior del Gobierno de los Estados
Unidos ha creado un Manual del Sistema de Estimación de Costos
y Capital para la Minería con la garantía de confianza
de STRAAM Engineers Inc., mediante datos obtenidos de compañías
de Estados Unidos y Canadá. Barrick parece ignorar esas recomendaciones.
Nuestra intención consiste en invitar al lector a que, sin temeridad
alguna, proyecte a futuro las cifras del agua de este caso estudiado.
Citamos un solo ejemplo, pero la provincia de San Juan se ve amenazada
por muchos emprendimientos mineros de semejante magnitud al de Pascua-Lama.
De aceptarse la invasión mega minera habrá que estimar
el impacto de Pachón y de Casposo, y los casi cuarenta complejos
extractivos que se anuncian en esta provincia cuyana. Con los proyectos
de Pachón, Casposo, Veladero, Penélope y Pascua Lama,
los habitantes de esta provincia se quedarán sin agua, e imaginar
el daño multiplicador de una treintena de nuevos proyectos que
esperan en las gateras, en esta región, supone un ejercicio masoquista,
aunque inevitable. No hemos calculado aquí el agua que requiere
la actividad agrícola de San Juan. No fue necesario. Priorizamos
demostrar que estamos a tiempo de impedir el despropósito multiextractivo
porque con estos datos y un poco de sentido común, vemos cómo
la agricultura cederá su espacio al desierto minero. En realidad,
las transnacionales del saqueo usurparán el espacio de la agricultura
y de los asentamientos humanos. La incompatibilidad de ambas actividades
es evidente y sería inmoral la pasividad del pueblo si sólo
se moviliza al comprobar, tardíamente, que el agua en la provincia
de San Juan tiene los días contados.
Nota
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