No maten
al mensajero - Bs As, 10 de Marzo de 2005 - Fuente: Myriam Delfini para
www.barriodeflroes.com.ar
La tragedia
en Republica de Cromañon produjó que los habitantes y autoridades
de la Ciudad de Buenos Aires dejarán de quedarse en el árbol
para mirar el bosque.
Las 193 victimas produjeron un pequeño o gran cambio social (eso lo
dirá el tiempo), en distintos niveles. Desde mi punto de vista y tal
vez el más profundo, si logramos realizar nuestra propia retrospección
y hacernos cargo de la responsabilidad que cada uno de los que habitamos
la ciudad de Bs As tiene, esas muertes no habrán sido en vano.
Si bien hay responsabilidades indiscutible : el dueño o gerenciador
del boliche, el grupo Callejeros, los responsables de las diferentes secretarias,
el Jefe de Gobierno. Nosotros no podemos quedarnos también mirando
el árbol y matando al Mensajero.
Si cada uno realizaramos un sincero examen de conciencia veriamos que nuestro
grano de arena fue puesto tambien en esa desgracia colectiva.
Nos enojamos y encolerizamos con quienes nos representan, pero ellos son
solo los Mensajeros de algo más profundo, nuestras sombras.
Como sociedad madura a la que deseamos llegar, creo que es indispensable
mirar nuestro interior y confrotarnos con esas sombras.
¿ Qué
hay de corruptos en nosotros ?
¿ Que hay de irresponsables ?
¿ Cuántas veces miramos hacia otro lado porque nos conviene
?
¿ Cuánta veces seguimos el camino más corto ?
Y la lista podría
ser bastante larga, pero mi humilde intención es que podamos aprender
a ver más alla o más acá, porque nuestras sombras no
están al final de algún camino sino que se encuentra en nuestro
fuero interno.
Si logramos hacernos cargo y exorcizamos a esos personajes oscuros que todos
llevamos dentro seguramente no volverá nunca más a repetirse
un Cromañon, porque ya no necesitaríamos aprender desde el
dolor, pero mientras seamos inmaduros e irreposables, el dolor será
nuestra manera de aprender, porque también es un gran alquimista.
Para reflexionar
El Bien y el Mal han
sido siempre los extremos en que se debate nuestra conciencia para obrar
en sociedad. ¿Qué está bien visto y qué está
mal visto?. Es conducirse por el camino del bien o por el del mal. Pero más
allá del plano consciente el Bien y el Mal, el Día y la Noche,
la Luz y la Sombra constituyen la dualidad esencial del alma humana y manifiestan
el campo de batalla en el que ésta se desenvuelve día a día;
el alma del hombre es un péndulo que se
balancea entre los extremos del bien y el mal.
Y qué fuente
más rica y sustancial que la literatura para la manifestación
de esta dualidad esencial del alma humana. Se escogen entonces dos relatos
clásicos para el estudio del bien y el mal en el Ser y partiendo de
esto su posible carácter monstruoso: Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de R.L.
Stevenson, y El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
Repasando brevemente
una de estas historias podemos introducir algunas características
que nos conducirán a definir el carácter dual del alma humana,
planteando puntos de coincidencias y diferencias entre ellas. Cada autor,
ya sea por el tema del doble, del desdoblamiento o transformación
del Ser, ha planteado las sombras sociales del inconsciente como definitorias
del carácter maligno del hombre y, su consecuente y posible naturaleza
monstruosa.
La historia de Dr.
Jekill y Mr. Hyde trata de un honorable científico de la era victoriana
de nombre Henry Jekyll. Éste es todo un caballero, honrado, elegante,
de buenas maneras, fiel a las buenas costumbres y avocado a la ciencia. En
su afán moral y científico se da a la tarea de crear una fórmula
química que permita, al que la ingiera, sacar y desterrar todo el
mal que pueda tener dentro de sí, aun cuando esté convencido
de que el hombre es, en esencia, bueno. Así comienza a experimentar
en sí mismo y surge, producto de lo que pudiera llamarse un desdoblamiento
de su
personalidad, Mr. Hyde, un ser repulsivo y desagradable para quien le encuentra,
aunque no puedan definirse con certeza las cualidades que determinan dicho
carácter repulsivo. Este ser comete todo tipo de crímenes y
faltas a las normativas sociales y con el paso del tiempo se hace cada vez
más fuerte, al punto de que Dr. Jekyll no puede controlar sus transformaciones
en Mr. Hyde y decide suicidarse para, se cree en principio, dar fin a los
crímenes de su otro yo.
En Dr. Jekyll y Mr.
Hyde hay una clara ejemplificación de cómo se debate el alma
humana entre las luces y las sombras. Es una clara respuesta a las
constricciones del victorianismo escocés y a la burguesía de
Edimburgo; mas también ocupa un firme lugar en la tradición
literaria del doble. La idea del doble es una obsesión en la literatura
del diecinueve.
Puede observarse cómo
el autor hace un reflejo de las reglas de la era victoriana en el personaje
de Henry Jekyll, de lo que es considerado como bueno y propio de sociedades
recatadas y civilizadas por sus buenas costumbres, y de todo lo que es rechazado
y repudiado por esta sociedad por considerarse maligno, impropio e inmoral,
en la figura de Edward Hyde. ¿Pero a quién pertenece el verdadero
reflejo de la historia?
Observando la historia
vemos cómo el autor lograr hacer un reflejo de las sombras sociales
de su época. Definamos entonces la Sombra: Jung llamó
a esa parte oscura que habita en todos nosotros, "La Sombra". La
Sombra es El Mal que habita en nosotros o, dicho en una forma menos poética
y mucho más precisa, son todas esas cosas que nos gustan pero que
mantenemos escondidas (a veces hasta de nosotros mismos), porque no son aceptables
en la fantástica sociedad en que vivimos.
Tanto Mr. Hyde como
el Retrato son lo que Jung denomina como la sombra individual de Dr. Jekyll
y Dorian Gray, respectivamente.
Ambos han a depositado en su sombra todo lo que las normativas sociales de
la época ha definido como negativo, malo, inmoral, malas costumbres
y educación, todas las conductas y sentimientos bajos como la vergüenza,
el resentimiento, la lujuria y el odio. Stevenson crea a Jekyll en
el momento en que la rígida moral victoriana dicta sus reglas y la
prosperidad material y moral está relacionada con guardar a toda costa
las apariencias.
En ambos casos se ha
querido separar y desterrar la sombra del ser, y en ambos este intento ha
sido fallido, y ha devenido en la muerte de los personajes, porque la luz
y la oscuridad son una unidad indivisible que constituyen el alma humana,
y por tanto no pueden ser entes separables. El mal radica en nuestras sombras
inconscientes, en las que desterramos todos nuestros vicios y despojos personales,
pero la construcción de la sombra va de la mano con la de nuestra
buena imagen, así el ego y la sombra se van edificando simultáneamente.
Pero ¿cómo
se construye la proyección del lado oscuro del alma? Es la sociedad
la que determina en el hombre lo que debe desterrar a su sombra. Es de los
padres, familiares, sacerdotes y maestros que aprendemos lo que está
bien, lo que está mal, lo que se debe y lo que no se debe, y cómo
es el repudio y el rechazo que se le tiene a
quien infringe esta normativa. Según Baczko en Los Imaginarios
Sociales, las sociedades elaboran modelos formadores para sus
ciudadanos7 y éstos son representaciones de la realidad pero
no necesariamente reflejos de esta, pero dichos emblemas son los que legitiman
el poder social.
Tenemos entonces a
las sociedades y las culturas como definitorias del mal y del bien. Son ellas
las que construyen a los buenos ciudadanos, desterrando a la sombra lo que
no está permitido. Mas aún, el "presentable"
es el que no se muestra ante los otros tal cual es, es el que no se muestra
"completo".
Según Edgar
Morin, una cultura abre y cierra las potencialidades bioantropológicas
del conocimiento. Las abre y las actualiza, al proveer a los individuos su
saber acumulado, su lenguaje, sus paradigmas, su lógica, sus esquemas,
sus métodos de aprendizaje, de investigación, de verificación,
etcétera, pero al mismo tiempo las cierra e inhibe con sus normas,
reglas, prohibiciones, tabúes, su etnocentrismo, su autosacralización,
su ignorancia de su ignorancia.
Aquí también lo que abre el conocimiento es lo que lo cierra...
Por tanto es la sociedad con sus reglas, prohibiciones, normativas, la que
va construyendo la sombra personal y luego colectiva, una sombra en la que
se depositan deseos y ansias reprimidas a tal punto que pueden conllevar
actitudes realmente agresivas e inclusive criminales. Es por esto que cuando
Mr. Hyde es liberado comete en principio faltas menores pero más tarde
se hace cada vez más incontrolable por Dr. Jekyll y comete crímenes
graves.
Es la moral de la sociedad
la que define el mal, sin embargo éste tendrá un carácter
distinto según el tipo de cultura, época e incluso individuos.
Cada quien determina los parámetros para identificar lo que es correcto
y lo que no lo es, en función de un imaginario colectivo y de sus
propios valores.
Es difícil entonces que las meras reglas de convivencia social puedan
llegar a una definición concreta del mal, puesto que es parte esencial
del alma de cada individuo y habría que determinar bajo qué
parámetros se han de definir los valores morales a partir de los cuales
se han de construir las sombras, puesto que lo que no sea moralmente aceptado
será desterrado a ésta; ...el error, casi universal es
haberse acostumbrado a ver las cosas a través de unas
lentes sociales...
Conviene entonces afirmar
la naturaleza dual del ser humano. El alma del hombre no sólo es un
péndulo que se balancea entre los extremos del bien y el mal, sino
que se constituye de la fusión de ambos, inseparables e indivisibles,
ni por fórmula química o retrato alguno. Bien le dijo Dorian
a Basil todos tenemos en nosotros un
cielo y un infierno. Por su parte Dr. Jekyll es consciente de su doble
naturaleza, de la duplicidad de la vida, mas no así de
su indivisibilidad:
El ser humano no es uno sino dos. En esencia somos dos, ¿todo bien
y todo mal? ¿todo luz y todo oscuridad? o ¿hay a caso matices
grises?
El alma puede pasearse siempre por todas las tonalidades mas no puede separarse
en sus dos extremos, y estos matices estarán definidos por las concepciones
morales de cada individuo y de su imaginario colectivo. Mas el mismo Jekyll
ya es consciente de la pluralidad de su alma:
Digo dos, porque el
estado actual de mi conocimiento no me permite ir más allá.
Otros seguirán, otros llegarán más lejos que yo en el
recorrido de esas mismas líneas; y yo me aventuro a conjeturar que
a la postre se sabrá que el hombre es una mera sociedad de múltiples
habitantes, incongruentes e independientes entre sí.
La visión del
hombre como "mera sociedad de múltiples habitantes"consuma,
más allá de la tesis de la dualidad, la disolución del
sujeto en un conglomerado de entidades distintas, más o menos unidas
entre sí, todas ellas con características malignas y benignas.
Pero en Wilde y Stevenson
puede hablarse de la dualidad de la propia mente, en pensamientos y actitudes,
distintas, ya que tanto Dorian Gray como Dr. Jekyll son conscientes de sus
propias perversiones, pero aún así no se hacen responsables
de ellas.
Es la imposibilidad
de ver reflejados en otro los despojos de tu sombra en toda su magnitud,
cuando se te muestra como un espejo de ti mismo, lo que genera el rechazo
y el repudio. Simplemente es algo con lo que no puedes convivir, pensando
que algo de aquello es parte de tu esencia, de lo que eres y que has desterrado
a tu sombra y a
tu inconsciente.
Es éste el mal
producto de una sombra muy reprimida, una sombra que nunca ha sido liberada
aunque sea unos instantes, y que cuando lo consigue se vuelve incontrolable
proviniendo desde lo más profundo del interior del ser. Por esto es
que la conciencia que lleva consigo el raciocinio de las ideas y actitudes
debe estar en contacto con el inconsciente y la sombra. El hombre debe conocer
su lado oscuro y canalizarlo, y no limitarse a reprimirlo, pues una
liberación posterior puede ser de mayor magnitud y más difícil
de trabajar y controlar. Como dice Jung la sombra sólo
resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención,
es decir, cuando mantenemos una relación correcta con la sombra
el inconsciente deja de ser un monstruo diabólico.
Reside, entonces, el
mal en nuestras sombras personales, que a su vez son configuradas por nuestro
imaginario, por nuestra cultura, por nuestra sociedad. Somos seres de comunidad,
que no sabemos vivir de otra forma que no sea en sociedad, y para ello marcamos
reglas y parámetros que nos definen. Si el mal no es un valor
o una calificación del juicio moral que pueda oponerse al bien en
la carta tranquila de la razón práctica, ello se debe a que
el mal es ese
enigma que permanece en el corazón de cada hombre así como
el fundamento del vínculo social. Tanto el mal como el bien
son una fusión, indivisible, que define nuestra esencia humana y siempre
será el mal quien llamará nuestra atención acerca de
si el bienestar social y moral, del que orgullosos nos jactamos, es en realidad
puro y sincero. Según Graciela Carballo ...es la cuestión
del mal como tal la que se nos propone como enigma que nos lleva a poner
en tela de juicio el campo de la experiencia moral.
Vivir plenamente la
otra parte, la del malo, sería el sueño de cada hombre, pero
si la culpa no lo permite, tampoco los otros lo permiten, lo que vendría
a ser más o menos lo mismo, porque nadie se constituye separado del
resto sino en relación a los otros y a las convenciones compartidas
y reglas y cánones establecidos.
Conviene entonces revisar qué tan a menudo estamos en contacto con
nuestro lado oscuro y bajo qué convencionalismos y parámetros
sociales nos regimos, pues aunque no somos en esencia monstruos, hay un carácter
monstruoso que mora dentro de cada uno de nosotros y que es preciso liberar
al tiempo para que no se vuelva incontrolable. La vida ordinaria parece ser
vivida por la parte buena, la que comparte las buenas costumbres ¿La
historia de las convenciones sería la historia de cómo los
hombres se defienden de lo que los asusta, de lo que les da placer, de lo
que los aleja del conflicto y la reprobación?
Hasta el final de los
tiempos prevalecerá una lucha sin tregua entre el Bien y el Mal, en
el mundo, en nuestras sociedades, en nosotros mismos como individuos, en
nuestro interior, en nuestra alma.
Concluyo finalmente
citando a Sichère en Historias del Mal:
Este mundo no es pues, malo, como lo pretenden los gnósticos, y tampoco
es la belleza de un orden querido por los dioses, como lo concebía
el pensamiento griego, sino que es un mundo dividido en si mismo como lo
esta cada hombre...
BIBLIOGRAFÍA
BACZKO, Bronislaw.
Los imaginarios sociales. Buenos Aires, Ediciones
Nueva Visión,1991.
CARBALLO, Graciela. Un ensayo sobre el mal y la verdad.
SICHÈRE, Bernard. Historias del mal. Barcelona, Gedisa S.A., 1996
STEVENSON, Robert Louis. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Barcelona, Ediciones B, S.A. 1991.
ZWEIG, Connie y Jeremiah ABRAMS. El inconsciente y la sombra.
Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde
(1886) http://perdidos.tripod.com.ar/jekill.htm