Ojala
que Telerman mienta - Publicado el 18 de Noviembre de 2006
- Fuente: (Pagina 12. Sergio Kiernan)
El
lunes pasado, el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, anunció que
iba a suspender los permisos para edificar torres en Caballito, Palermo,
Nuñez, Coghlan, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón. El decreto
salió publicado en el Boletín Oficial de la Ciudad el
martes. Pero los reflejos de las constructoras fueron más rápidos:
a la vez que le armaban un corte de avenida para protestar, con obreros
de casco y todo, presentaron el mismo lunes 14 pedidos de permiso para
edificar torres y el martes otros 13, lo que equivale a presentar un
mes entero de trámites en 48 horas. Los del lunes seguramente
pasarán, porque el decreto no era formalmente válido,
pero la avivada del martes puede detenerse, porque ya estaba publicado
en el Boletín y valía con toda la fuerza.
Esta
pequeña historia muestra la potencia de los especuladores que
tienen en sus manos a nuestra ciudad. El flojísimo Código
aprobado por una Legislatura de muy bajo nivel permite hacer casi cualquier
cosa en casi cualquier barrio, sin tener en cuenta qué dicen
los vecinos y sin pensar en elementos básicos como infraestructura,
transporte o dónde meter los autos. Es un permiso para llevar
a tontas y a locas la población de la ciudad de sus tradicionales
3 millones a 5 millones, subiendo su densidad y creando una urbe donde
no alcancen las escuelas, las plazas, las calles y los estacionamientos.
Telerman
justificó la suspensión diciendo que hay que mejorar los
estudios ambientales, reformar el Código de Planeamiento Urbano
y consultar a las empresas de servicios públicos para ver si
la infraestructura urbana aguanta semejantes obras. Ojalá que
sea mentira, ojalá que Telerman se esté guardando las
cartas cerca del pecho y busque una manera de ponerse a la cabeza de
los vecinos que ya salieron a la calle para detener las torres.
Es
que el problema no son los caños ni la presión del agua.
El problema es construir una ciudad compuesta de torres, con las calles
transformadas en rajaduras entre paredes de concreto, con muchos miles
de personas por manzana. Esa ciudad estará llena de autos y humos,
con subtes desbordados y colectivos que tardan horas en ir a cualquier
parte. Será una ciudad inmanejable, fea y sucia, donde habrá
que coimear para conseguir un pupitre para los hijos. El que vea esto
como exagerado, que se dé una vuelta por San Pablo, Brasil, que
hasta los ’50 era una ciudad afrancesada como Buenos Aires, en
los ’60 era un agradable paraíso modernista y para los
’80 era una pesadilla urbana épica. Belgrano, en un mal
día, es una muestra de lo que puede pasarnos cuando nos descontrolamos
y les entregamos los puntos a los especuladores: un barrio patrimonial
y hermoso, quizás el más hermoso que tuvimos, es un bosque
de torres sobresaturados de coches.
Ojalá
que Telerman sea un buen jugador de truco, mintiendo cuando corresponde,
y que esté juntando aliados y munición para frenar el
lobby de las constructoras. Si se les anima, mostrará un coraje
que no tuvo ningún jefe de gobierno ni intendente de nuestra
tímida ciudad.