Bs
As, 5 de Febrero de 2008 - Fuente: www.barriodeflores.com.ar
Políticos
y cartoneros (por Gustavo Kupfer)
Hay
sorprendidos. No sorpresas. Esto es lo que pareció
decirse en las últimas horas como consecuencia del
zarpazo K sobre Lavagna. Y más de tres millones de
votantes en las últimas elecciones, parecen confirmarlo.
¿Es
acaso esto algo que debemos asumir como normal? ¿Es
que acaso por el sólo hecho de poder hacer una larga
lista de casos análogos, debemos decir que debe ser
aceptado? Me viene a la cabeza el refrán de las moscas.
Hay
que reconocer que quizás el único que tenga
claro un proyecto político es el ex presidente Kirchner.
Es accesorio que ese proyecto sólo incluya a algunos
amigos y entenados santacruceños y que para el resto,
solo hay circo. Sin pan.
Es
irrelevante que la oposición ya no se oponga. Apenas
algún dirigente que denuncia cuando eso asegura la
tapa de los diarios, pero todos los actos de gobierno, cualquiera
sea la provincia y su signo, son concensuados con Puerto Madero.
De
ser así, quizás sea más honesto y menos
oneroso para todos nosotros, investir a Néstor I y
eliminar a quines desde “instituciones republicanas”,
esperan ser llamados para encolumnarse detrás del Gran
Líder. Nos ahorraríamos muchos millones. Y dejaríamos
en claro que el monopolio de la corrupción no admite
competencia.
La
paradoja dice que la vidriera de la política nacional
tiene un status menor al de las provincias. Es apenas una
Ciudad Autónoma. Y es autónoma de esa ciudad
el Transporte, la administración del Puerto, el juego
y la seguridad.
Esto
para algunos, es un impedimento mayúsculo a la hora
de gestionar la Ciudad no tan Autónoma. Pero convengamos
que es un dato conocido por todos y lo era antes de las elecciones,
por lo tanto no sirve de excusa.
Otros
aseguran que esta falta de autonomía solo se puede
compensar con cierta connivencia con el dueño del poder
nacional (no dije “con el Presidente”).
De
esto podemos concluir que si quien se postula y gana la jefatura,
está en una posición contraria al poder nacional,
sólo puede esperar fracasar o aliarse con aquel.
Entonces mejor, volvamos al status anterior, no perdamos ni
tiempo ni plata en elegir Jefes de la ciudad, Legisladores
(que sólo se preocupan de definir si el asado o los
ravioles son comidas típicas, de los nombres de las
calles y de nombrar “ciudadano ilustre” a cuanto
ganador de programas de canto esté disponible para
retirar la plaqueta), etc. y que los delegados del poder nacional
sean designados por este.
Pero
si todo esto no fuera cierto, entonces es tiempo que la dirigencia
política de la Ciudad, en ejercicio del poder, empiece
a mostrar porque se definen en oposición.
Realmente
dudo que haya al menos uno de los denominados cartoneros,
que a la pregunta de que profesión/ actividad le gustaría
tener, ratificara la actual.
El
más carroñero de los perros prefiere una comida
nueva sobre un plato, a los restos de la de otro. ¿Por
que pensamos entonces que el ser humano tiene en este caso,
una preferencia distinta?
Que
el legislador Epszteyn, quien fuera ministro de Ibarra diga:
“Los cartoneros van a seguir existiendo, van a seguir
viniendo a la ciudad. Si los cartoneros No pueden volverse
porque no está el tren blanco, se van a quedar durmiendo
en la vereda o en las plazas”, demuestra que ese espacio
político considera funcional la pobreza. Funcional
para conseguir votos, obviamente.
Pero
las excentricidades de este legislador no terminan allí.
Continuó diciendo: “Dentro de las tierras del
ferrocarril, que están dentro de la ciudad de Buenos
Aires y que dependen de un organismo nacional y del concesionario
(TBA en este caso), existe la posibilidad de desarrollar obras
de infraestructura que no sean molestas para los vecinos de
la ciudad y que favorezcan el trabajo de los cartoneros, y
los ayude a ordenarlos”.
Este
punto dice claramente que a la pobreza no se combate. Se le
da algunas facilidades con el dinero de los contribuyentes.
Aun el de aquellos que verán como la Ciudad le debería
construir un asentamiento a metros de su propia casa y ver
así pulverizado el valor de sus propiedades.
Me
pregunto: ¿Cuánto de la dieta del legislador
va a parar a los cartoneros? Dudo que algo. Seguro que no
mucho. Pero su discurso es políticamente correcto.
Hasta
aquí, ni sorpresas ni sorprendidos. Más de lo
mismo que sufrimos durante los últimos ocho años.
Y por eso, Macri sacó más del sesenta por ciento
de los votos. Para terminar con esta estructura de pensamiento.
Para cambiar la ciudad. Pero, ¿Es así? No parece.
La
respuesta de su Jefe de Gabinete, fue: "Hay que buscar
una solución de fondo con el tema de los cartoneros,
que nosotros creemos pasa por acelerar la creación
de los centros verdes, plantas donde se hace el reciclado
para separar el cartón, pero no en la calle y en condiciones
de salubridad que hoy los cartoneros no tienen".
Entiendo
que estas plantas de separación sirvan en la transición,
hacia la búsqueda de las soluciones de fondo. Pero
decir y pensar que la solución de fondo es institucionalizar
el cartonerismo, es demencial
Pensar
que puede haber gente que pase el restos de sus días
escarbando la basura, aunque sea con guantes y barbijo, es
inhumano.
Y
en este caso coinciden todos los políticos. Quienes
están en el poder con el mandato de cambiar las cosas
y aquellos que estuvieron y pretendían dar carnets
para legalizar el cartonerismo como actividad. Y quien sabe,
quizá se pongan de acuerdo en armar un sindicato con
aportes para una obra social propia.
Nada
se dijo desde la el gobierno de la Ciudad ante la ampliación,
contraria a los intereses porteños, de los contratos
de las tragamonedas en el Hipódromo de Palermo. El
beneficiario fue un amigo/ testaferro/ socio/ otro del propio
Kirchner. Hubo entonces alguna negociación.
A
Bonafini le alcanzó con decir (nadie lo ratificó
luego) que había improvisado un baño detrás
del altar de la Catedral Metropolitana, en medio de una disputa
entre el kirchnerismo con el Vaticano por el placet de Iribarne,
para que el nuevo “cambio” arrugara de manera
casi instantánea. Quienes más tenían
que perder en esa discusión era la administración
K, sin embargo no se permitió que la prensa internacional
llegara a levantar la noticia y se liberaron los fondos. Otro
acuerdo.
Ahora
resulta que debemos generar plantas de separación de
residuos para así categorizar el cartonerismo, cuando
a todos los argentinos debería darnos vergüenza
que tan solo existiese uno. Aunque revuelva la basura del
hotel más caro.
Si
estas son las soluciones de fondo, estamos lejos de salir
a flote. Estamos muy en el fondo.
El autor es economista e Investigador Asociado de la Fundación
Atlas 1853
Las opiniones y juicios incluidos en el presente, son de exclusiva
responsabilidad del autor.