Bs
As, 22 de Febrero de 2008 - Fuente: Noticias Urbanas
Tren
para todos
La
sociedad argentina padece uno de los más caros e inseguros
sistemas de transporte, con catastróficas consecuencias
humanas y económicas. En 2007 el transporte vial le
ocasionó al país la mayor cantidad de accidentes
de su historia, con más de 8000 muertos y miles de
heridos. No es sólo imprudencia o el alcohol: es el
colapso del sistema de transporte a raíz de la drástica
reducción del ferrocarril y las privatizaciones que
demostraron ser incapaces de dar mejor servicio que el transporte
público.
En
todo el mundo se siguió desarrollando el ferrocarril
porque es el más económico de todos los transportes
y el único que entra a cualquier pueblo con niebla
o lluvia. En nuestro país, el plan Larkin (Banco Mundial,
año 1959) levantó ramales para hacer economías,
pero su real objetivo fue debilitar las economías regionales
y la industria nacional. De casi 50 mil km de vías
y 130 mil ferroviarios que había en 1955, pasamos a
36 mil km y 95 mil trabajadores en 1989. Hoy tenemos 7000
km y 14 mil ferroviarios y no se puede circular a más
de 50 km/hora. ¿Cuáles fueron los ahorros? Ninguno.
Con
el gobierno de Néstor Kirchner pagamos tres veces más
que antes: tres millones de dólares por día
y con las inversiones, once millones de pesos al año.
El
Estado paga todos los sueldos, compras y reparaciones y, además,
subsidia con más de mil millones de pesos el gasoil
de autos, colectivos y camiones, viajemos o no en ellos. Argentina
paga uno de los sistemas de transporte más caros del
mundo: equivale al 27 % de su PBI, contra el 9 % de Canadá
y Australia.
Siendo
un país agrario, el transporte automotor no es viable.
El ferrocarril cuesta 7 u 8 veces menos: una locomotora arrastra
la carga de 50 camiones; un tren mediano lleva tantos pasajeros
como 19 ómnibus. Con la mitad de lo que gastarán
en el "tren bala" se reconstruyen a nuevo 11 mil
km de vías para los cargueros y 7000 km para los cinco
grandes ramales a las provincias, más 300 locomotoras
y cientos de vagones nuevos para poder circular a 120 km por
hora. La reconstrucción de la industria ferroviaria
pública puede crear miles de puestos de trabajo en
vez de comprar trenes en desuso caros y sin repuestos de Portugal
o España. El secretario de Transporte, Ricardo Jaime,
debería explicar porqué derrocha los recursos
en chatarra ferroviaria.
Frente
a la crisis y la desinformación, el kirchnerismo quiere
hacer votar en las sesiones extraordinarias de la Cámara
de Diputados la Ley de Reordenamiento Ferroviario, sin el
necesario debate y cerrando la ronda de consultas. Tras su
paso por el Senado, el proyecto de ley fue vaciado de contenido:
el Estado les seguirá sirviendo la mesa a los mismos
concesionarios que nos comen desde Menem. Con la complicidad
de funcionarios, son responsables del vaciamiento impune de
los 37 talleres-fábricas con sus miles de máquinas
y repuestos, más el destrozo y robo de miles de vagones
y locomotoras.
El
valioso patrimonio fue entregado sin inventario previo a los
Taselli, Cirigliano, Roggio, Romero, Techint, Urquía,
Brahma, Camargo Correa. Hoy poco queda de él y ninguna
denuncia penal prosperó.
La
medida más salvaje de las privatizaciones fue sacarles
a los pueblos los trenes interurbanos que unían las
provincias. Nada golpeó más a los productores
y las economías; se perdió la carga difusa y
el servicio de correo. Miles de poblaciones sin pavimento
hasta la ruta quedaron aisladas; 800 estaciones cerraron;
sus pueblos se transformaron en fantasmas y un millón
de habitantes emigró hacia las capitales.
Frente
a la tragedia social, el proyecto de Cristina Fernández
no es reconstruir la red que integraba al país, sino
instalar el tren bala hacia Rosario y Córdoba y a Mar
del Plata. Su modelo referencial es Puerto Madero, obra de
la corporación creada por Menem y Grosso que se apropió
de los terrenos públicos del puerto sin pagar nada.
Hoy el metro cubierto se vende a u$s 4000: ¿podrán
comprar los argentinos o sólo los extranjeros?.
El
tren bala es antidemocrático y antinacional: su boleto
será caro, aumentará la dependencia tecnológica
y la deuda externa. El imperativo es restituirle al pueblo
su derecho al transporte: volver al tren para todos, un servicio
interurbano seguro y confortable, y revisar el modelo actual
para reducir las víctimas y costos de la guerra del
automotor. El tren debe volver a ser una cultura de la comunicación
que integre a la Nación.
Pino
Solanas (integrante de Proyecto Sur)