Bs As, 15 de Octubre de 2010 - Fuente: Nicolás Feredjian

La Estación San José de Flores abriría en Septiembre de 2011 con murales del genial Guillermo Roux


En un encuentro en la casa del artista plástico Guillermo Roux, en el que en forma exclusiva participó nuestro periódico, el presidente de Subterráneos de Buenos Aires, Juan Pablo Piccardo se comprometió a que la estación San José de Flores esté ambientada con varias obras del artista de Flores, tapa homenaje de nuestro anterior número. Al consultarle este medio sobre la fecha de apertura de las dos estaciones restantes, el funcionario sostuvo que "estarán en funcionamiento en Septiembre del año que viene". A continuación, transcribimos la opinión de Cristian Brugnara, Director del CGPC7 y Roberto D´Anna, director de Flores de Papel acerca de este encuentro.

En Guillermo Roux está impresa la historia viviente del arte argentino. Encarna, además, la humildad; siempre presente en los grandes hombres. Con él basta un apretón de manos para sellar un compromiso; la entrega y dedicación es una constante que signó su vida.

Actualmente se encuentra abocado a la realización de un mural para la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fé; lleva casi dos años trabajando en ello. Y lo exhibe, ante nosotros (sus invitados) con orgullo. El mural trata sobre la Constitución de la República Argentina. Ante mis preguntas piensa, reflexiona, se detiene en busca de ese tiempo necesario que conlleva toda realización artística, pero duda, y pregunta, quizás resignado a la idea de que el arte brinda preguntas, y casi nunca respuestas ¿Creen que estoy transmitiendo el espíritu nacional graficado en la Constitución? Más que responderle o manifestarle mis impresiones que, por más atinadas que sean, me definirán como un insolente, puedo resumir en que quedé, ni más ni menos, maravillado. Es que él está en la obra, y no solo por ser su creador.

Personificado entre los hombres de la Patria, podemos individualizarlo por su boca abierta; gritando. Están él y su mujer, que es parte medular de ese gigante de talla mundial que conocemos, simplemente, como Guillermo Roux.
"El artista siempre protesta" apunta en referencia a su boca abierta. Entonces, comprendo, confirmo, que el arte nace de la disconformidad. Como Picasso con su Guernica, obra que retrata un pueblo devastado, pero que el pintor no se la atribuye a sí mismo sino a los autores materiales de aquella atrocidad.
Esta experiencia inolvidable que es conocer su taller - léase el lugar de trabajo - de Roux me la brindó la gran oportunidad que tenemos los florenses de decorar la futura estación de subte San José de Flores. Allí estará ilustrada, como solo él supo hacerlo, nuestra identidad como barrio y su rol en la historia grande de la Nación. Este propósito es compromiso. Somos muchos los que lo acuñamos y serán millones quienes lo apreciarán. Pero hay una persona que sin descanso viene bregando por este sueño, otro de los grandes de nuestro suelo, el profesor Cayetano Sciarrillo, fundador de la Escuela Museo de Bellas Artes Gral. Urquiza y presidente de la Asociación Patriótica. En él, al igual que en Roux, encontraré siempre un ejemplo, un camino recorrido digno de ser imitado.

La profesión de periodista nos da la oportunidad en algunas ocasiones de darnos ciertos gustitos como hace unos días. No fuimos al mundial pero viajamos a conocer el hogar de nuestro gran artista plástico Guillermo Roux en San Isidro. Aquella mañana invernal de sol nos colmó de emoción. Tanto por su sencillez como por su talento.
Promediando mis 40 años, será difícil que vuelva a ver en mi vida tan de cerca tanta idoneidad en "carne y hueso".
Un Guillermo Roux íntimo nos recibió en pantalón de gimnasia azul y con unas cómodas zapatillas con una pipeta en sus costados. No era un entrenador de fútbol. Aunque él no lo diga es el Maradona artístico de Flores. Aquel que ama el barrio, en el cual vivió toda su infancia con su padre, un fabuloso ilustrador de varios diarios argentinos de principios del siglo XX.
Y a medida que pasaban los minutos se desprendían frases tales como "me pude quedar viviendo en París, pero extrañaba la vereda de Flores". O "de vez en cuando me escapo silenciosamente con mi auto desde acá (San Isidro) y voy rumbo a mi casa de la calle Aranguren a dar una vuelta a la manzana; bajo y me tomo un café en cualquier bar de mi barrio".

Al igual que otros artistas como el escritor César Aire (y su clásica producción diaria de una hoja), Roux nos contó que su secreto es trabajar todos los días. "Ser constantes. Tener un horario de trabajo, en mi caso es desde las 16 a las 23 horas". El resto del día, piensa y crea personajes, como lo que será su próximo mural que vestirá la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fé. Asimismo, nos dimos cuenta que una obra de arte no es una inspiración solamente. Que esa inspiración es como una idea, el cinco por ciento de una gran obra. El resto es trabajo. Tal es así, que Roux trabaja por separado cada uno de sus personajes en tinta, luego los pasa a una maqueta, más adelante arma otro boceto y después, a ese mismo personaje se lo ve - con todo su esplendor - en un paño de más de siete metros de altura. Sus obras tienen tres años de trabajo diario. Algo fabuloso.

En otro momento de nuestra charla (junto al presidente de Subterráneos de Buenos Aires, el director del CGP7 y el Prof. Cayetano Sciarillo), hablamos del formato de sus obras, las cuales me parecieron muy modernas (muy apaisadas, bien rectangulares tipo banner de internet). Y esto me dijo Roux: "todos los días trato de aprender algo". Y se nota. En los últimos diez años, entre los 70 y los 80 años de edad, Roux hizo un cambio fenomenal. Eterno. La misma palabra utilizada en nuestra anterior tapa a ésta a la que Roux le impresionó y nos dijo: "No es mucho, ¿me merezco la palabra eterno?". "Sí maestro", le respondí. "Entra justo en cuerpo tipográfico y en una línea de título, junto a su nombre y apellido". Roux también se asombra cuando le mostramos la tapa de nuestra anterior edición a ésta, galardonada con su imagen. "¡Cuantas flores!", exclama. Y después de tomar café en su espacioso living y viajar por su amplia casa, me agradece una y otra vez, haber aparecido en Flores de Papel, como si tuviera el deber de hacerlo. Me da un abrazo final y al oído le digo: "Maestro, lo admiro". Se ríe y me palmea la espalda, como un general italiano lo hace a sus soldados antes de entrar en una batalla.


 

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